Alden González: «Me parece penoso lo que sucedió con los carnavales de Santiago»


Alden González acumuló suficientes méritos como productor durante su trabajo con el Septeto Santiaguero. Ganó dos Premios Grammy con la agrupación y contribuyó a darle forma a discos que dan testimonio del empuje internacional y los altos créditos de la música tradicional cubana.

Tras su salida del grupo armó un ambicioso proyecto de disco junto al experimentado arreglista y productor Geovanis Alcántara, que pronto será puesto en circulación para mantener en pie la música de raíz en Cuba. Para ello convocaron a tres pesos pesados de la escena insular: Mayito Rivera, Alain Pérez y Alexander Abreu.

El álbum A romper el coco fue grabado entre los estudios de la EGREM de La Habana y Santiago de Cuba, y atesora 10 temas antológicos de la música cubana provistos de la mirada que otorga la contemporaneidad sonora de la isla y la probada experiencia de sus productores.

«Trabajar con esos tres grandes de la música fue un reto grande. Ellos tienen gran conocimiento de causa. Con el Septeto era parte del colectivo, pero ahora es diferente. Tengo que hacer que todo lo que plantee sea convincente», comenta Alden en entrevista con OnCuba.

«Con Alain Pérez tengo una amistad de hace años basada además en la compresión  de la música con puntos similares. Fue un proceso que disfruté mucho. Hicimos un buen diseño en conjunto con los artistas. No fue fácil pero como lo disfrutamos tanto no vimos pasar los rigores. Esa forma de transcurrir con facilidad tiene mucho que ver con el trabajo de Geovanis, quien es increíble como profesional.»

¿Cuál es el propósito de un disco como A romper el coco que hurga en las raíces de la música tradicional cubana, cuando lo que impera en el mercado son los sonidos más comerciales?

En A romper el coco estamos a favor del rescate de la música cubana. Hay fusiones interesantes como “Negro de Sociedad”. El tema lo popularizó el conjunto Rumbavana y en esta versión participa además La conga de los hoyos. Estamos hablando de la participación de  tres figuras notables como cantantes pero que en principio son músicos, artistas con un conocimiento superior.

En ese disco hay un homenaje a Arsenio Rodríguez, al Conjunto Matamoros, donde cantó Benny Moré; al Conjunto Casino. En aquel tiempo había dentro del formato diferentes maneras de hacer. Como si hubiera conjunto de negros y de blancos. En el de blancos el casino llevaba la voz cantante y de ahí se desprendió Roberto Faz y el Conjunto Colonial de Nelo Sosa. También homenajeamos a La  Sonora Matancera, con la grabación de su tema “Ave María Lola”, que grabó Carlos Argentino y fue  muy popular en su tiempo. En La Habana realmente se gozó mucho con la Sonora Matancera.

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Portada del disco «A romper el coco».

“Me la llevo” es un homenaje a Benny Moré protagonizado por Mayito Rivera. Utilizamos los clarinetes porque el Conjunto Matamoros incorporaba indistintamente uno o dos clarinetes. Uno de los clarinetistas era nuestro Compay Segundo.

No hemos hecho este disco de manera mimética, sino que hemos pensado en los consumidores de esta música hoy. Creer que vamos a ganar público nuevo sería un poco pretencioso, pero sí tenemos como objetivo llegar a los  que gustan de la música bailable. Los modos de interpretar han sido espectaculares, estamos hablando de cantantes con una personalidad musical muy fuerte que defendieron diferentes conceptos.

Me siento muy contento con el resultado. Es un disco que quisimos que sonara como si hubieras remasterizado un acetato. Que la gente se identifique con esos sonidos de acuerdo a las frecuencias que maneja. En ese objetivo también ayudó de forma notable que fue grabado en los emblemáticos Estudios Siboney, de Santiago.

¿Cuáles crees que hayan sido las principales exigencias del proceso de grabación?

Experimentamos mucho con los sonidos e instrumentos como el tres. Antes la unidad que tenía el tres, la pastilla, era de guitarra eléctrica. Eso marcó el sonido de la época cuando Niño Rivera estaba en su apogeo. Arsenio también grabó cosas así. Hay un pilón de Enrique Bonne llamado “Que rico está esto”. En ese tiempo Pacho Alonso compuso mucho para Bonne.

Pacho Alonso con Los Bocucos lo que tenía era una guitarra eléctrica y ahora en este disco logramos un sonido riquísimo. Lo mismo sucedió con “El jamaiquino”, la obra cimera del Niño Rivera de quien en 2019 se cumplió el centenario de su natalicio al igual que el del Benny Moré.

También quisimos jugar con esas fechas porque en este año se celebra además el 125 aniversario de Matamoros y los 105 de Roberto Faz. A veces esas fechas pasan desapercibidas, lo que no quiere decir que alguien no se acuerde. Por ejemplo, el año pasado se cumplieron los 90 años del natalicio de Pacho Alonso y no creo que haya pasado mucho. Como tampoco pasó mucho con los 40 años de Son 14, una de las grandes agrupaciones de Cuba.

Yo oigo muchos tipos de música porque es necesario para entender cómo funcionan los sonidos de hoy. Si trabajo una vertiente sonera me gusta oír mucho también lo que pasa en el ambiente salsero y jazzístico. No se trata solo de la ejecución musical, sino también de las formas de comunicarla.

Cuando uno habla de defender la tradición la gente solo lo relaciona con la vieja trova santiaguera y el son. Se trata de toda la música cubana, desde la timba hasta las más recientes expresiones de nuestra música popular. Las nuevas generaciones no entienden que es imposible que exista hoy sin ayer; se mira poco hacia atrás. Por eso hicimos un equipo para darle relieve a la tradición cubana a partir del conjunto, el formato que más ha aportado al desarrollo de la música bailable hoy día.

La base musical se grabó en Santiago porque esta ciudad es una especie de reservorio de la tradición. El ADN de los músicos siempre está a favor de preservar el acento sonoro y la música cubana más tradicional. En el Oriente, de Camagüey hacia allá, hay una forma de pensar el son diferente. Eso tiene que ver con las maneras de acentuar las bajas frecuencias. El bajista piensa el son de otra forma.

En Santiago hay muchos grupos tocando repertorio que podemos llamar tradicional, pero no es originalmente oriental. El modo de tocar el bajo, los tumbaos, tienen mucha preponderancia en la definición de esos géneros. Allí siempre se trató de que el bajo fuera más a favor de la estabilidad y un poco menos a favor del virtuosismo, que luego se desarrolló en la timba.

Alden González (izq) junto a Geovanis Alcántara (der), también productor y arreglista del disco "A romper el coco". Foto: Yasser Landazuri.
Alden González (izq) junto a Geovanis Alcántara (der), también productor y arreglista del disco «A romper el coco». Foto: Yasser Landazuri.

¿Tuvo alguna influencia en la grabación de este disco tu paso por el Septeto Santiaguero?

Cuando estaba en el Septeto Santiaguero hicimos una gira con “Tiburón” Morales, con el que reafirmamos el potencial de la música cubana. Intercambiar con “Tiburón”, quien fue parte fundamental de Son 14, es normal para la gente en Santiago de Cuba. Pero lo que más me llamó la atención fue cuando nos estuvimos quedando en un hotel de La Habana y estaba el equipo de fútbol de Camagüey y los muchachos de 20 años o menos se acercaban a él para tirarse fotos o saludarlo.

Eso sucedió a pesar de que “Tiburón” no sale en la televisión ni la radio. Que un joven sienta admiración por su música significa que no todo está perdido a pesar de que llevemos muy mal la promoción de la música cubana en los medios. Cuando compartimos con él un concierto en Venezuela también fue fabuloso, porque llegaba gente con discos antológicos de Son 14 para que los firmara.

A veces pensamos que quien defiende el son no está defendiendo a Cimafunk. Y eso es una postura equivocada. Hay que defenderlo todo para convertir a Cuba en un país heterogéneo en materia musical, donde el público pueda elegir. Los Estados Unidos, por ejemplo, es un  país donde la gente puede escuchar todo tipo de música, como mismo pasa en España o Colombia.

Pero lo primero que hay que defender son las raíces, los orígenes. Precisamente por eso hicimos este disco, que es un homenaje a los grandes conjuntos de Cuba.

¿Cómo has percibido hasta el momento el camino recorrido por el álbum?

Hemos logrado tener un nivel alto de ventas en el ámbito digital, pero pienso que este disco debe estar concentrado sobre todo en un impacto nacional. No es tan complejo tener resonancia en los mercados más cercanos como en el nuestro.

Ahora estamos en el proceso de consolidación del proyecto. Estoy convencido que a partir del lanzamiento oficial pueden pasar muchas cosas con el disco. Que la gente lo conozca en Cuba sería la gloria para mí. Lo que logramos internacionalmente con el Septeto Santiaguero fue porque primero conseguimos tener el reconocimiento en nuestro país. Están equivocados los que pensaron que nuestro trabajo lo hicimos pensando en el Grammy, porque nuestra intención siempre fue tener impacto en Cuba.

Cuando terminé con el Septeto enseguida me puse a buscar qué iba a hacer. El trabajo investigativo me fascina así como escuchar mucha música con esa finalidad. Además, trabajar con material inédito es muy reconfortante para mí. Lo disfruto muchísimo. Por eso surge también la idea de este disco, que nació exactamente después de la ruptura con el Septeto Santiaguero.

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Recientemente publicaste en Facebook una serie de  opiniones sobre los carnavales en Santiago. ¿Podrías explicar esos argumentos?

Me parece penoso lo que sucedió con los carnavales de Santiago. No soy detractor de la música urbana, incluso he producido discos de sus exponentes en Santiago. Hice un trabajo del que me siento muy orgulloso cuando fusioné a artistas urbanos santiagueros y jamaicanos. No tengo nada en contra de ningún género, pero no apoyo que la banda sonora nacional esté polarizada.

Entonces no puede ser que en el carnaval solo se promueva el reguetón más soez. La música urbana cubana e internacional tienen buenos exponentes, pero lo del carnaval ha sido desastroso. La polarización nos está matando, así como la falta de sensibilidad de muchos que debieran encauzar eso. Hay que tener más sentido de pertenencia con toda la música cubana.

Pudiera pensarse que a partir del  impacto mundial del Buena Vista Social Club se promueve más la música tradicional cubana en el ámbito turístico nacional…

Creo que no ha sido así. El turismo debería ser la justificación para que la música cubana estuviera más reflejada en el ámbito hotelero sobre todo. Pero cuando uno va a un hotel se da cuenta de que ponen a “Negrito”, “Cokito” y “Manu Manu” o a Harrison y otros exponentes de la música urbana.

La relación entre la música cubana y el turismo realmente podría ser más saludable. Sigo sintiendo que hay falta de sensibilidad y conocimiento a la hora de encauzar los contenidos musicales. En los hoteles solo se pone la música que le gusta al Dj y generalmente este prefiere cualquier cosa menos Adalberto Álvarez, Issac Delgado o Paulo F.G. Y no digamos ya Son 14 o la Vieja Trova Santiaguera. El Buena Vista… puede que siga funcionando fuera de Cuba, pero en los hoteles cubanos lo que se pone es otra cosa.



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