Así va quedando el Coppelia de La Habana


Decidido a recuperar la belleza y el glamour de sus primeros años, aunque con menos variedad en sabores y especialidades, el Coppelia de La Habana exhibe a muchos días de ver terminada su reparación capital, una cara muy distinta a la que maltrada imagen de meses atrás.

Aunque “el nuevo Coppelia” tampoco recupere el buen trato entre sus empleados que alguna vez le caracterizó, los habaneros y el pueblo cubano en general agradecen que, al menos, exhiba un rostro más bonito; ese que pueda invitar al paladar a degustar una Copa Lolita, o un Tres Gracias, o un Banana Split.

Fue y es, a no dudarlo, la Catedral del Helado – o Catedral del Sabor – en Cuba. Los más viejos aseguran que “en sus mejores tiempos”, solo el Coppelia de la ciudad de Santa Clara podía hacerle competencia en variedad de sabores y en platos; mientras que sus vecinos de la ciudad de Cienfuegos se lamentaban – y con razón – de que si la fábrica de Helados “Escambray” quedaba en Cumanayagua, o sea, en territorio cienfueguero, el Coppelia de la Perla del Sur, sito en Prado y Argüelles, apenas si podía blasonar de una ridícula oferta en comparación con los dos primeros.

Lo que estuvo siempre claro, y durante mucho tiempo es que, visitar La Habana y no ir a Coppelia – o al Yara, o sentarse en el Malecón o tirarse una foto frente al Capitolio – era como si no hubieses ido.

Mirando las fotos que acompañan esta nota uno recuerda del Coppelia lo que fueron – como cantaría o diría Pablo Milanés – “Los días de gloria”.

Así va quedando la heladería Coppelia de La Habana situada en las céntricas calles habaneras L y 23. Radio Ciudad de La Habana asegura que se llevan a cambios en la jardinería interior y exterior”, al cual se adjunta un proyecto de iluminación con luces muy modernas tipo LED.

Con algunos cambios en las zonas de los jardines, se incluirán dos kioscos nuevos en áreas exteriores para la venta rápida de helados en barquillos, aunque no especifica sin con media bola rasa y al mismo precio que la bola entera que se venderá en “la cancha” o en “la torre”. También se están cambiando los baños de la instalación; que incluirán de muebles nuevos sanitarios con enchapes de mármol. Se restauró además la carpintería y la cristalería del lugar.

De seguro se renovará además la vajilla. Nuevos platos, cucharas y vasos darán una imagen en las mesas diferente. Y ojalá que dure.

Por ahora solo puede verse una gran pantalla de televisión de 3 por 1.85 metros, con un reloj en cuenta regresiva que va contando cuántos días, horas, minutos y segundos faltan para llegar al 500 aniversario de La Habana, que se celebra el próximo 16 de noviembre.

Mientras, cuando abra… ¿se seguirá vendiendo el helado por detrás en los almacenes? ¿Se guardarán los mejores sabores para ser vendidos a los escogidos? ¿Tendrás que darle dinero por debajo de la mesa al dependiente para que te vuelva a despachar el helado? ¿Volverán los tiempos de la Fresa y el Chocolate?

Lo más probable es que el Coppelia esté listo para el próximo Festival de Cine Latinoamericano; para que los cinéfilos que “pegaban una tanda con la otra”, apenas tengan tiempo para salir, comprarse cuatro barquillas con helado y volver al cine. Porque cuando el hambre en la Rampa aprieta, no hay nada mejor que unas buenas bolas de helado fría para “adormecer” el estómago. Algo que cualquier estudiante universitario de la UH de los años 90´y específicamente los de la Facultad de Economía, conocemos a la perfección.

Roberto A.





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