Boxear en el Trejo


A las gradas del Rafael Trejo, uno de los más emblemáticos gimnasios de boxeo en Cuba, parece que le han prendido fuego.

Unos encienden sus cigarros en el centro del debate más candente, dos setenteros silenciosos consumen un tabaco cubano y seis extranjeros que no encajan en el mosaico también fuman quién sabe qué.

Todos están amontonados, todos respiran un extraña y empalagosa mezcla de Criollos, H-Upmans, Malboros, imitaciones de Cohíbas u otros tabacos cubanos de bajo costo.

Casi no se puede caminar en unas rústicas tribunas de madera que se levantan casi al pie del ring. Desde allí se siente el jadeo de los pugilistas en la esquina, el choque de los guantes, el roce sutil de un jab o la brisa que sopla tras un violento uppercut fallido.

Foto: Otmaro Rodríguez

A pesar del tumulto, cada cual es un mundo particular. Unos le gritan a los boxeadores, otros cargan contra el árbitro, y otros simplemente discuten si fulano es mejor que mengano, si aquel ya no sirve o si este otro es el que de verdad va a “calentar” el ring.

Entre disputas, el boxeo en el Trejo se vive diferente. No hay margen para peleas de estilistas, se tolera muy poco a los “corredores” y lo que vale es subir al encerado a “darse golpes”, literalmente.

“¿Tú crees que eso sea boxeo?”, dice Chichi, un mulato de unos 20 años que perfectamente podría estar peleando en el ring. “Se han pasado tres asaltos floreando y en la corredera, eso no es lo que uno viene a ver”, añade molesto mientras señala al centro del cuadrilátero, donde un cubano y un uzbeko cruzan guantes (o caricias, según la grada).

A simple vista, este escenario rompe con la dinámica de los imponentes domos o de los grandes salones donde usualmente compiten los pugilistas cubanos que todavía permanecen en la Isla.

“¿Diferencia? Pero claro, tú no ves cómo está el gallinero este. Aquí es algo de barrio, y todos los que vienen son la gente de la zona que les gusta el boxeo, que les gusta ver peleas duras, no un par de tipos dando vueltas, eso no es boxeo”, apunta Chichi, a quien los apoya un notable séquito de jóvenes veinteañeros como él.

Dos escalones por debajo de Chichi –quien no accede a revelar su nombre en ningún momento–, Leonardo, otro mulato con madera de boxeador, secunda muchos de los criterios que vocifera su amigo, pero por un instante se pone en la piel de los que pelean.

“Combatir aquí debe ser lo máximo para los boxeadores cubanos. Es genial que tu público te vea y te apoye, pero también les debe costar trabajo, porque nosotros desde la grada exigimos mucho, queremos cuerpo a cuerpo y golpes todo el tiempo. Eso no es fácil”, asegura.

“Estamos acostumbrados a pelear en lugares como estos, al final todos venimos de barrios. Aquí nos sentimos en casa”, señala. “Yo no salí de aquí, pero el Trejo es de los gimnasios más reconocidos mundialmente, vienen muchos boxeadores a probarse y a entrenar. Creo que es una plaza dura, exigente, pero desde mi punto de vista eso no te debe sacar de tu plan de pelea”, precisa.

El espigado sobrino del legendario Félix Savón, quien ha sido criticado por su rendimiento en los últimos tiempos, trata de matizar un poco sobre las reacciones de la grada.

“Uno no siempre puede hacer lo que quiere el público. Cuando estás en el ring las cosas no necesariamente son como las ve el fanático. Al final creo que lo importante es esforzarse para ganar, da igual si lo consigues en el cuerpo a cuerpo o corriendo. Si un boxeador es capaz de ganar con su estilo habrá que considerarlo un campeón”, apunta Savón.

Otros pugilistas, sobre todo algunos de los más curtidos de las selecciones antillanas, van con el hombre de los pesos pesados. Igualmente, un preparador de suma experiencia como Enrique Steyners, sustenta los criterios de su discípulo y asegura que al boxeo cubano no le falta agresividad.

Steyners lleva décadas con el equipo nacional y también ha liderado a escuadras foráneas, por lo que ha visto de todo sobre el ring. De acuerdo a su visión, los cubanos son muy activos y siempre están trabajando durante los combates, incluso Julio César, a quien muchos critican porque se desplaza mucho.

“Ese es su estilo, y ahí él no deja de trabajar”, precisa Steyners, para quien es primordial adaptarse a los nuevos y a las maneras de los rivales. “Necesitamos buscar más fluidez en contra de los estilos euroasiáticos, que han encontrado alternativas para frenarnos. Nosotros tenemos que aprender de todo y seguir adelante”.

Respecto a la necesidad de pelear en sitios como el Trejo para ganar en combatividad, Steyners explica que siempre se va a sentir más presión en un lugar así, pero cada atleta debe ser responsable y consciente de lo que tiene que hacer en cada combate.

“En un tope de preparación, digamos, puedes aceptar más el intercambio, pero no siempre se puede sostener ese tren de pelea, sobre todo los que tienen otro estilo”, asevera el preparador.

Sin embargo, desde las gradas del Trejo piden más. Chichi asegura que cualquier boxeador, independientemente de sus preferencias de pelea, debe tener el puño duro y la voluntad de golpear al contrario. “Esa es la esencia de este deporte, olvídate de eso”.

Para estos fans, es fundamental que los boxeadores regresen a escenarios como el Trejo o, al menos, recuerden lo que significa pelear allí.

“Cuando viene un grande aquí y da una demostración, se motivan los niños, todo el mundo quiere practicar boxeo, pero si viene un campeón y se pone a correr por el ring, entonces la gente da la espalda y se va pa´ su casa”, precisa Leonardo, a quien le salen las palabras de carretilla, como si estuviera en su propia pelea, en intercambio de vida o muerte sobre el ring.

“Por eso te digo, es importante que vengan figuras de nivel, pero más importante es que tengan bien claro que se van a parar ante gente que les gusta el boxeo y que saben de boxeo. Gente que exige a los atletas de todas parte, gente que exige hasta a los árbitros, porque todos los protagonistas son responsables de buscar que no decaiga la agresividad y las ganas de pelear.

“En Cuba, el boxeo tiene mucha calidad, pero les falta algo, los muchachos no tienen pegada, les falta bomba, les falta una pila de cosas. Algunos tienen madera, otros la tenían y la perdieron. La clave es intentar recuperarla y para lograrlo creo que siempre se debe mirar atrás, lo que hiciste mal y lo que hiciste bien”.



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