Festivales de música en Cuba: lo (mucho) que les falta para convertirse en un tren


El Festival Internacional  Jazz Plaza ha sentado cátedra en la isla. Históricamente ha reunido en Cuba a estrellas del jazz mundial y ha dado relieve a la interacción entre músicos cubanos de todas las latitudes  e instrumentistas de otros países, en un intercambio de ida y vuelta que ha elevado el interés de los espectadores por un género que tiene en la isla uno de sus centros álgidos en el circuito internacional. El Jazz Plaza, no obstante, ha carecido en ocasiones de un mayor empuje comunicativo para que el público pueda conocer con exactitud  el programa de conciertos y todos los nombres que cada año aterrizan en La Habana.

Exceptuando este evento, que ha sabido mantener una calidad probada y sostenida durante décadas, la Isla requiere una mayor presencia de festivales con verdadero empuje y resonancia para que su música sea conocida en todo su esplendor y los artistas de las escenas más variadas puedan defender su obra con todos los requerimientos organizativos necesarios.

Diseño y promoción

Uno de las escenarios en contra que ha tenido la proyección tanto nacional como internacional de la música cubana ha sido, ciertamente, la ausencia de festivales con un diseño coherente y una promoción en toda regla, que le concedan al público la oportunidad de conocer la creación sonora de la isla en sus manifestaciones más diversas.

En el  recuerdo quedan como ejemplos de eventos musicales con un poder de convocatoria y un valor de altos kilates, aquellos festivales de Varadero durante los años 70, donde se reunieron varios de los nombres de mayor rango en la música cubana e iberoamericana.

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La desaparición de estos eventos que resumieron el espíritu de una época, tanto en la escena nacional como internacional, dejó un vacío enorme en el panorama sonoro local y dio en ese momento un tiro de gracia a las posibilidades de los grupos cubanos y del público de  intercambiar y confrontar criterios desde la isla con artistas foráneos.

La intermitencia de este diálogo se ha convertido, con el tiempo, en un déficit notorio para la música cubana y especialmente para la promoción y la proyección de las nuevas camadas de artistas que no encuentran en el país una rampa de lanzamiento estructurada y con suficiente solidez para poder defender su obra ante los públicos más diversos e integrarse al circuito internacional.

La música cubana, bien promovida, puede convertirse en una de las principales fuentes de ingresos para la Isla. Los paradigmas en materia de divulgación de la obra de los artistas han cambiado radicalmente en los últimos diez años y ya la venta de discos ha decaído hasta niveles extremadamente bajos con la irrupción del streaming, y la venta online de la música.

Lo que sí ha quedado claro es que cada vez más los festivales adquieren notoriedad no solo por la posibilidad de ganancias que generalmente encierran para los músicos y los organizadores, sino también porque constituyen una forma de revitalizar los lugares en los que se realiza y generar sostenibilidad en todas las zonas que se beneficien de este tipo de eventos.

El jazz es una de las manifestaciones poderosas de la música cubana.
Concierto de Dave Weckl, Janio Abreu y Aire de Concierto Teatro del Museo Nacional de Bellas Artes

En Cuba, por diversas razones, han desaparecido festivales que en su momento destellaban. Por ejemplo el Caimán Rock, el único festival de rock que se celebraba en La Habana, fue ultimado sin razones lógicas, lo que fue un disparo en la sien de una escena que,  a pesar de todo, ha sobrevivido especialmente por la voluntad de los exponentes de este género.

No obstante, han nacido otros eventos dedicados al metal y el rock como son los casos del Brutal Fest, que orientado a las tendencias más extremas del metal ha traído a Cuba a bandas del underground latino, europeo y estadounidense que han podido confrontar con las bandas cubanas y con la legión de seguidores de este género en el país.

Por otro lado, no existe un argumento lógico que explique lo que ha sucedido con el festival internacional de rock Patria Grande. Durante sus diferentes ediciones este certamen ha logrado reunir en La Habana a un puñado de bandas muy convocantes en la arena internacional, las cuales, sin embargo, han aglutinado en la isla a pequeños grupos de personas en comparación a las miles que se dan cita durante sus conciertos a escala global.

No se trata ni por asomo de que el rock en la isla no pase revista a cientos de miles de seguidores. Por el contrario, ha quedado demostrado en conciertos de bandas como Audioslave, Sepultura o The Rolling Stones que la multiplicidad de estilos que conviven en ese género tiene en la isla a uno de los públicos posiblemente más entregados de América Latina.

Rolling Stones en Cuba. Foto: Rtve.Es

Se trata, como he mencionado en otras oportunidades, de la ineficacia de las estrategias de comunicación institucionales que arropen con coherencia la llegada de las bandas programadas, en este caso, por el Festival Patria Grande, un evento que de a poco ha logrado establecer pautas a tomar en cuenta en la escena local.

La falta de coherencia  y sistematicidad  en la promoción ha traído, en consecuencia, que conciertos de bandas como los uruguayos No Te Va Gustar, los boricuas Puya, los argentinos Carajo o los colombianos Aterciopelados no hayan alcanzado la resonancia entre los seguidores del rock que hubieran logrado con una adecuada plataforma de comunicación como trasfondo.

Aterciopelados.

Incluso recuerdo que el día del concierto de Aterciopelados el pasado 13 de noviembre muchas personas no conocían que el grupo colombiano subiría  al escenario del Pabellón Cuba (una plaza, por demás, inadecuada para un show de este nivel) y se perdieron la oportunidad de escuchar en vivo a una de las alineaciones más respetadas en la tradición del  universo del rock latino.

De no cubrir en próximos años estos espacios vacíos con relación a la promoción, no podremos sacarle el máximo de provecho a la presencia en Cuba de estos astros de la música latina, que, por otro lado, son cabeza de cartel en no pocos festivales internacionales.

No se requiere de una gran cantidad de recursos para aliviar el peso de estos problemas organizativos, sino solamente çmostrar interés y conocimiento para darle relieve a una música que, no lo duden, puede abrir un diapasón de horizontes creativos en el público que no solo consume las propuestas entregadas por el mercado.

Josone: Un festival para la música cubana desde Varadero

El Festival Josone, en cambio, ha ido transformando  en cierta medida ese contexto que atenta contra la proyección de la música cubana.

Cuando uno habla de la contemporaneidad musical cubana hay que detenerse en este evento que tiene su centro de operaciones en el balneario de Varadero. Josone, organizado por la disquera Egrem, el Instituto de la Música y el músico Issac Delgado, ha logrado abrir una notable luz de esperanza en cuanto a los certámenes de música que requiere la escena cubana para una mayor notoriedad nacional e internacional.

El evento, que tendrá el próximo verano su nueva edición,  ha acumulado méritos para sostenerse como una referencia en la música cubana y rescatar el espíritu de otros certámenes como el propio festival de Varadero. El público ha logrado percibir en el cartel del evento y en las diferentes dinámicas organizativas que lo acompañan, una intención de diseñar un festival que esté a la altura de la calidad de la música cubana y de las citas de este tipo que se desarrollan a nivel global.

El público baila en el Festival Varadero Josone: Rumba, Jazz y Son en Varadero, Cuba, el viernes 23 de agosto de 2019. Foto: Ismael Francisco / AP.
El público baila en el Festival Varadero Josone: Rumba, Jazz y Son en Varadero, Cuba, el viernes 23 de agosto de 2019. Foto: Ismael Francisco / AP.

Durante sus dos ediciones ha reunido a artistas de gran calibre como el boricua Gilberto Santa Rosa, el trompetista estadounidense Nicholas Payton, el dominicano José Alberto “El Canario” junto a orquestas cubanas como Los Van Van, Adalberto Álvarez, Los Muñequitos de Matanzas o el Septeto Santiaguero, por solo mencionar algunas figuras de referencia en la música cubana.

Si bien todavía deben solventar algunos querencias  organizativas en el acceso de la prensa, incrementar la preparación de los presentadores que no han tenido el suficiente bagaje cultural ni  imaginación para cubrir con soltura los consabidos  imprevistos,  y hacer coordinar los horarios del concierto con la hora señalada en el programa, el Josone ha dado señales de que en la isla se pueden armar festivales que contribuyan a promover la música cubana con conocimiento de causa y le permitan sentir al público que es parte de ese universo sonoro de obligada referencia en todo el planeta.



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