Premier 12: Muy cerca y muy lejos


En plena madrugada, Australia revolvió el grupo C del Premier 12 con una victoria sobre Canadá, la cual dejó a Cuba a un solo paso de meterse en la Super Ronda del evento. De tener por delante un panorama sombrío, a la novena de Miguel Borroto se le abrió el cielo y una gran oportunidad.

Ganar a Corea del Sur, esa era la única tarea, pero una demasiado grande para una selección sin alma ni liderazgo. Siete carreras en contra, apatía total en el cajón ofensivo y un nuevo episodio para enmarcar en el ya muy poblado salón de los fracasos del béisbol cubano.

Antes del duelo, había esperanzas, no solo por aquel viejo adagio de que un juego lo gana cualquiera, sino también porque a los sudcoreanos, de cara a su objetivo de clasificar a los Juegos Olímpicos, le convenía perder frente a los antillanos para dejar fuera del cuadra a Australia, que se elimina por Asia.

Si los asiáticos caían ante el combinado de la Isla, los asiáticos avanzarían junto a Cuba a la Súper Ronda, instancia en la que solo tendrían que enfocarse en quedar por delante de Taipei de China para obtener el boleto rumbo a Tokio 2020.

Pero nada de eso sucedió. Sudcorea mostró plena confianza en sus armas y Cuba estuvo muy lejos de exigirles algo a los anfitriones en el Gocheok Sky Dome, otro escenario aciago para la pelota caribeña.

Tokio 2020 está a años luz, son una quimera, no solo ahora que chocamos por enésima vez con un muro aparentemente invisible para algunos, sino desde mucho antes. En el contexto moderno, jamás hemos tenido opciones de clasificar.

Los números: Cero. Esa es la cantidad de lanzadores submarinos que la tanda cubana había visto en el 2019, hasta que se encontraron con Jong-hoon Park en el duelo decisivo de esta primera ronda.

Casi pegando su mano de lanzar a la tierra, Park sorteó algunos contratiempos en cuatro entradas y mantuvo en blanco la cuenta de los cubanos, incapaces de hacer daño a un tirador de 1.47 de WHIP, 4.63 de efectividad y 4.1 boletos por cada nueve entradas en su carrera profesional.

Después del submarino, los relevistas sudcoreanos fueron todavía más implacables, con cinco ponches y solo tres jits permitidos en la segunda mitad del choque. En total, Cuba no logró colocar ningún corredor en tercera y solo dos llegaron a segunda. Un infierno.

Cero. Esa es la cantidad de extrabases que los antillanos pegaron en el Premier 12. Sabíamos de los problemas de poder de nuestro béisbol, pero hemos llegado a un extremo triste. Cuando ya no se podía caer más bajo, pues hemos seguido abriendo el agujero negro.

Tres carreras anotó Cuba en el torneo, finalizado con respectivas blanqueadas a manos de Canadá y Corea del Sur. Los antillanos solo pegaron jits consecutivos en una ocasión (Roel Santos y Raúl González en el octavo episodio contra Australia), mientras que en 11 de los 28 innings que jugaron a la ofensiva fueron retirados a ritmo de conga.

Por el contrario, la selección cubana embasó a 24 rivales por boletos, pelotazos y errores en 119 comparecencias. Muchas de esas acciones negativas provocaron carreras en contra.

Los aciertos: Tenemos la oportunidad de pensar, desde ahora hasta el próximo Premier 12, cuáles han sido los aciertos de nuestro béisbol en los últimos 20 años. Es tiempo suficiente para escarbar en las profundidades a ver si algo se encuentra.

Los fallos: Podríamos mencionar aquí el pobre rendimiento de Gracial, Despaigne, Cepeda, Arruebarruena… Podríamos mencionar la pasividad de la dirección a la hora de mover las piezas… Podríamos mencionar las deficiencias marcadas de nuestro pitcheo ante bateadores capaces de ajustarse de lanzamiento en lanzamiento…

Podríamos mencionar un montón de fallas puntuales, podríamos, incluso, señalar una y otra vez a determinados jugadores, pero no seríamos totalmente justos.

Los problemas del béisbol cubano son estructurales, de base, de principios, de concepción, y mientras estos no se solucionen, será imposible aspirar a algo más en eventos internacionales frente a contrarios de muchísimo mayor nivel.

El béisbol cubano necesita revolución, dinamitar desde los cimientos, remover la podredumbre, sacar de circulación a todos los que por años y años no han hecho lo más mínimo por cambiar y corregir errores que se repiten una y otra vez.

El béisbol cubano tiene que apuntar a la base, plantearse estrategias de desarrollo que no sean pura palabrería, pensar en ideas que motiven a la juventud, que premien al esfuerzo y que no remuneren por igual a las estrellas y a los mediocres.

Cuba necesita también cambiar su voluntad política, engavetar la tozudez, eliminar el obstinado orgullo y establecer de una buena vez algún mecanismo para recuperar los vínculos con su emigración, sin que existan tantas trabas y pretextos.

Sin esos pasos, estamos condenados a repetir eternamente la historia reciente.





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